En brazos de la colina Lamas deshoja sus dí­as.

Estamos en Lamas en Perú, a no más de una hora de Moyobamba y por el mismo camino al Rí­o Amazonas, aquí esperan los grupos quechua hablantes  con una sonrisa puesta en su rostro. 

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En brazos de la colina Lamas deshoja sus dí­as, desde la meseta con dotes de alfarera, al filo del Wayku, el hilado, el urdido, en la misma acera del tejido y del conocimiento.

Y se inició el mundo en Lamas, con las fuerzas del universo: del agua, del aire, de las plantas, la carachupa, entonces nacieron ellos, después vinieron los Chancas privilegiados y conformes, salvándose del apretado encuentro con sus semejantes, los Incas, pálidamente voltearon su rumbo, y en una osada caminata se internaron complacidos entre la vorágine de la amazoní­a.

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Con Ankoallo de líder, la intención de emplazamiento se consolida y Lamas emerge, desde Pampayacu a Chunchihui, o de Pampayacu al alto Shamboyacu, quizá. O quien sabe si inicia con Pamashto y Wayku.

Seguridad sí hay, con doña Magnolia, que anda las calles amarillentas con rueca en mano, enlazando ideales con cada vuelta de lana que, magnéticamente silva con la energía de sus dedos y va apilándose en el hueso que baila, en tanto mira el cuerpo de la lana mutando a hilo delicado y fino, se acomoda el sombrero y estoicamente se debate entre la agilidad y contento de menester acabado en la sofocada tarde.

También está ́ngel, por la diagonal derecha mirando al parque, con tocado de pluma y traje de antaño, lleva collares colgantes de guairuro y achira y una sonrisa cristalizada en su alegría. Con buen tono y afecto mantiene abierta la tienda de recuerdos para llevar. Y allí­ juntito esta Josefina, la fina, de cariño, menea la cabeza una y otra vez para esconderse del sol, forma una estampa en la pared amarilla, con su blanca blusa y su melena caída.

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El castillo en cambio mira del otro lado, de una esquina, allí lo levantaron, de piedra alguna; permanece fortificando el camino e impulsando la vista hasta los laberintos más escondidos de los recintos; patios, salas y jardines. Va cumpliendo quehaceres de oteador, de las principales callejas de Lamas, donde el runrún y el golpeteo del zapato andan urgidos de marcha del centro mismo de la plazuela y hasta más allá del verde malva del confín.

Rita, enseñan sus huellas de sus cantarinas manos sobre la arcilla y de vez en cuando vigila el horno que silencioso cuece las formas. Martha y Sofí­a, cuentan antiguas cuitas y agregan azules, verdes, amarillos tonos que, van dando vida a una vajilla, una loza fina, un añuje, o una amistad.

–¿Y qué vas a llevar ñañita?, ¿Rompe Calzón, Levántate Lázaro, Chucho derecho o Chucho izquierdo?, Dice ella con su cara redonda de luna llena sonríe sin parar.

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agregan azules, verdes, amarillos tonos que, van dando vida a una vajilla, una loza fina, un añuje, o una amistad.

En estos lados habitan los quechuas y hacen de Lamas la capital Folklórica de todo la amazoní­a oriental peruana

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En el parque se tejen estas proporciones…
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desde la meseta con dotes de alfarera, al filo del Wayku, el hilado, el urdido, en la misma acera del tejido y del conocimiento.
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El castillo en cambio mira del otro lado, de una esquina…
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Algún pintor pinceló este rostro para recordar nuestras formas
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Y se inició el mundo en Lamas, con las fuerzas del universo: del agua, del aire, de las plantas y la carachupa
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En unas de las paredes de Lamas
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Martha y Sofía, cuentan antiguas cuitas…

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