Chan chan, la ciudadela de barro en Trujillo – Perú

Desde Lima voy para Trujillo, llego a Huanchaco voy para Chan Chan. En el norte, topándose con el Pacífico se alza Chan Chan, en Trujillo, en Perú.

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LA CIUDADELA DE BARRO, CHAN CHAN
Chan Chan el imperio, persiste en el tiempo, no hay lluvia ni viento que pueda arrasar sus pasos, que pueda borrar los dedos que lo crearon, ni el aliento que se inscribe por entre los jardines y pozos de agua ahora adormecidos pero vibrantes.
Y me preguntan por su nombre: no se decir a ciencia cierta si fue Tacaynamo el de la idea, con su lengua Chimo atribuyéndolo Sol Sol lo dejó, o fue Guacricur su hijo que se inspiró.
Yo en cambio me pregunto por las manos que amasaron el barro y por la complicidad del sudor que amoldaron uno a una los recintos para ser habitados por los chimor norteños. Hoy mis ojos descubren Chan Chan, reposado en el desierto y en cadencia con el mar. Pausado camino, imagino el jinete y su corcel de totora, y vivos pelí­canos… codificados ahora en geometrías sobre sus tapias de plazas, calles y palacios. Me espí­an desde adentro, ¿será desde í‘ain an o desde el í‘ik an?
Atisbo, horizonte abajo su grandeza, los rastros de chimús. Me paro sobre sus entradas y me sumerjo en el tiempo, veo su rostro distinto, no es de incas, sino de chimús, ¡señores!. ¡Chan Chan, el imperio!, persiste en el tiempo, no hay lluvia ni viento que pueda borrar el aliento que se inscribe por entre los jardines y pozos de agua adormecidos. !Chan Chan el Sol Sol!, se cobija en los arenales, que no brindan abrigo ni al árbol ni a la hierba, sino al corazón de barro más grande del planeta, al Chan Chan. La tarde le abraza y se acuesta por su espalda, por sus parques y avenidas, el viento se hunde por las venas del adobe, y yo me quedo anonadada por sus trazas.
Me topé con la Metrópoli Chan Chan, por razones de caminante y me voy, quedándome atrapada y dejando anotada su grandeza.
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Y me preguntan por su nombre: no se decir a ciencia cierta si fue Tacaynamo el de la idea, con su lengua Chimo atribuyéndolo Sol Sol lo dejó, o fue Guacricur su hijo que se inspiró.
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Yo en cambio me pregunto por las manos que amasaron el barro y por la complicidad del sudor que amoldaron uno a una los recintos para ser habitados por los chimor norteños.
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Pero mis ojos le descubren a Chan Chan, reposado en el desierto y en cadencia con el mar.
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…y por la complicidad del sudor que amoldaron uno a una los recintos…
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…noto instantáneo a ojos vivos los mismos pescados…
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…geometrí­as sobre sus tapias…
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conjugan armoniosas sobre plazas, calles…
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…y palacios.
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…corazón de barro más grande del planeta…
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…por una de las avenidas, sonidos lejanos contestan, son el viento y el mar compañeros de antaño…
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…con leves pisadas prosigo como queriendo disimular mi presencia,…
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¿Y cae la tarde?, no, es el sol que se acuesta por su espalda, por sus parques…
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Me espí­an desde adentro, desde uno de los palacetes quizá, ¿Será del í‘ain an o del í‘ik an?..
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…son los ojos escondidos convertidos en barro que se abrazan por completo a tus muros.
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Atisbo entonces, horizonte abajo tu grandeza…
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…tu magnificencia para mi ser, los rastros de chimús ofrendados al viento.
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