Alimentarse en Caracas es un asunto difí­cil de resolver

Caracas, 27 de noviembre de 2019
Querido Auver Enrique González Seguidor constante de Camino Viajera
Te cuento que, hoy en la calle Resistencia de una arepa salieron dos gusanos blancos, arrastraron su pesadez por entre la natilla y se fueron derecho al borde, allí­ donde una pizca de queso llanero se estira despreocupado; la mano de don Emeterio se acerco precipitadamente lo recogió y se lo llevo derecho a la boca, doña Reyna salió en ese instante de su casa y lanzó una advertencia, ¡don Emeterio esa arepita yo le puse allí­ para algún perro, ya no sirve para comerlo, ¡ay! Hasta donde vamos a llegar, dice arrepentida, Reyna.
En la cocina escogimos caraota, este frijol pequeño del que te conté que tiene buen sabor y es negro, retiramos las piedrecillas que le acompañan y ella me ofreció una arepita con queso, este queso que rotó por tres hogares y finalmente llegó un pedazo al refrigerador de Reyna. Ella me extiende un café con la mitad de la arepa que se tuvo que dividir porque llega su nieta y su esposo, pero como no hay forma de hacerla más pequeña, no alcanza para un sobrino suyo que entra por la puerta mientras yo pruebo el primer bocado, para él no alcanzó la arepa, deberá esperar hasta la hora del almuerzo. ¡Ah! hoy también visité a doña Eugenia y me invitó al almuerzo, ella me tiene aprecio me abre la puerta de su casa y me invita: pasta con carota, guayoyo (café muy negro) y una deliciosa rebanada de torta, de esas que te dejan con ganas de más. Aquí­ las tortas son muy apetecidas y exquisitas, hay pastelerías por donde vayas, con una gran variedad de tortas, también las venden en las calles, parques o malecones. Algunas personas también usan la torta como almuerzo, es rica y económica si nos ponemos a compararlo con el precio de un almuerzo decente ese que lleva sopa y seco porque el bachaqueo (la estafa) esta hasta en estos pocos restaurantes que todaví­a caminan.
Reyna se sienta en su pequeña silla y continua lenta la conversación, unos pueden algunos dias permitirse un huevo con aliños, jamón, mermelada, natillas, jaleas y Nutella..y para otros como yo, hay dí­as que solo se come dos veces, en la mañana y en la tarde porque no alcanza, y se debe comer lo mismo. Es que verás, la situación es complicada, el sueldo mínimo no alcanza más que para una libra de arroz y bueno una tiene que sobrevivir­ y bueno tu tienes que ir buscándote en el camino eso dice ella.

En la cocina de Luisa, mi amiga la del este de la ciudad, la carajita siempre tiene variedades en su cocina momentánea, puré de ñame, arepas con queso, mantequilla, natilla, también guayoyo, café late, y agua sobretodo, porque eso es otra cosa compleja, Reyna, no tiene agua por semanas, pero por acá, lo racionalizan y como disponen de tanques pues pueden contar con el lí­quido vital constantemente, sin embargo, algunas veces la gente no puede ni con la racionalización del agua, no le alcanza la mañana para recoger, no le alcanzan las botellas de plástico, no le alcanzan las energí­as.

Luisa es bastante optimista vive del sueldo que le manda su hijo, pero algunas veces soluciona su almuerzo como muchos, sentada frente al pan con gaseosa ¡Y bueno ahí­ vamos! Dice Luisa con su tono peculiar acariciando su melena y añorando sus viajes de antaño, sus costosos cafés, los centros comerciales y sus gruesas compras por Navidad. Ella no puede ni pensarse todaví­a en una situación diferente, todavía asiste a algún café muy de vez en cuando o más bien casi nunca.
En muchos lados puedes ver a mucha gente llevando un pan en mano, de los largos, de los que parecen pan francés, pero son pan canilla (a mi me encanta), pero también está el pan campesino, el mantequilla, el andino, de avena, de guayaba, de arequipe y de otros que no me acuerdo el nombre pero tienen relleno por dentro, claro son muy costosos, así­ que la mayorí­a espera por el pan canilla que los hay desde 5 bolos (bolívares) en adelante. Otra cosa que se ve muy a diario es cambur (bananos) lo transportan junto con el resto del mercado en bolsitas transparentes o le van comiendo en el camino, a mí­ me ha servido mucho, porque siempre está disponible. El cambur llena, dicen, y me consta, porque no me ha sido fácil conseguir restaurantes al paso. Otra fruta que siempre se encuentra muy a menudo es la lechosa (papaya) y esa es la que sana mis quereres, esos que tengo con las manzanas muy escasas de conseguir ¿Y entonces la gente no come manzanas?, te estarás preguntando, pues don Ignacio, claro que sí, la gente que tiene dinero come manzanas, (porque te digo he, aquí el socialismo y el capitalismo duermen en la misma cama). Yo veo a muchos sentados frente a costosos platillos y disfrutando como si nada, como siempre.

En fin, yo digo que cada quien se rebusca y se va arreglando como puede, con la bolsa CLAP que el gobierno les manda cada mes llena de algunos productos; con los dólares que cada cual dispone por las remesas que llegan de los países vecinos como Colombia, Perú, Brasil, Chile o de los otros lejanos, México, Estados Unidos, Francia y etcéteras; con los llamados rebusques, trabajos varios, con los trueques, tu me das pescado y yo te doy arroz, tu me das agua y yo te doy harina pan, tu me das amistad y yo te doy lechosa, verduras y así, o con el simple compartir…o con el dinero que todavía muchxs perciben en el paí­s por esos negocios varios.

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