Entrerrí­os en Antioquia -Colombia

El sol alegrón me recibe en Entrerrí­os, de entre el río Grande y el rí­o Chico De ahí el nombre.  Se tiende el verde por encima de mis ojos como colinas pequeñas de luz postrada a la sombra de arbustos. Es medio día, las colegialas salen primorosas, de uniforme y cargando blanca lozanía.

Se gastan conversaciones en los umbrales y en el parque se hilan contemplativas miradas dubitativas y extrañas. De los lados de la iglesia veo acercarse a Flavio; sin un ápice de apatí­a y con la más despreocupada confianza me va mostrando con gesto agarrado, El Peñón de Entrerríos, el hermano menor del Peñón de Guatapé (que ustedes ya conocen). Se le nota el esfuerzo de buen informador. –Tiene 72 metros la piedra. Y está alrededor de treinta minutos desde aquí. —  Concluye.

Que cultivan acá ¿Le pregunto cómo tomando confianza a primer paso?  — maíz, ahuyama, papa, tomate de árbol. Y pero, el negocio es con la lechería. Dice en son de seriedad. Alpina y Colanta tienen instalados sus productos de lácteos acá en Entrerrí­os.

Me pide de regalo el sombrero que llevo, – de recuerdo- me dice y sonrí­e casi sonrojado. Asume que esta pequeña vanidad es peruana. Y pues como no es, se muere el interés.

En el parque sigue gastando estancia, tranquilidad y café, la alegrí­a con niños, los parloteos con los almacenes de puras buenos esfuerzos de los emprendedores paisas. Yo me echo la mochila a la espalda y me llevo mi admiración consigo.

De arriba, de cerca al Peñón miro de nuevo, el verde glauco y el cetrino durmiendo en la misma loma, unas vacas que mugen en mi presencia, una gata que me saluda alborotada y otra vaca que viene a mi encuentro despreocupada, una negra con blanco. Por pura costumbre me quedo oyendo en la ladera, baja una familia hablando de buena gana, sobre la letra, la siembra, la buena tarde.  Pego una última mirada y me voy cuesta abajo, con la gana de encontrarme con el rí­o Grande o con el Chico, si el dí­a persiste.

Después agradezco la arquitectura que viene de encuentro. De la puerta sale Marí­a Julia atenta y carialegre. Me va llevándome de la mano y me cuenta sus de repentes, me da jugo de tomate de árbol y un trago de aguardiente. Memoria hace sobre Elkin Pérez hijo de Entrerríos, el de la música tradicional. Habla de los nutabes que poblaron estos lados y Me dice, antes Entrerríos se llamaba Don Diego; y ahora se conoce como la Suiza colombiana. Me ofrece guarida y deja lista la amistad para aquellas nuevas llegadas.

Sale a despedirme como una gran amiga de antaño. Fuego rojo, llamarada de contento crece en mis entrañas.

La gata también me da el adiós y otra vez me quedo con el corazón acongojado.

El mundo todaví­a es amable. Digo yo.


Se tiende el verde por encima de mis ojos como colinas pequeñas de luz postrada a la sombra de arbustos.

el parque sigue gastando estancia

El Penón de Entrerrí­os, el hermano menor del Penón de Guatapé (que ustedes ya conocen).

…una vaca que mugen en mi presencia.

El parque sigue gastando estancia y tranquilidad 

De arriba, de cerca al Peñón miro de nuevo, el verde glauco y el cetrino durmiendo en la misma loma

La gata también me da el adiós y otra vez me quedo con el corazón acongojado.

Entrerrí­os con su friecito y su verdor conjugan un impresionante paisaje, para el ganado vacuno y la leche. No es muy visitado, ni está dentro de los paquetes turísticos populares. Pero recomiendo mucho que lo visiten. — Y tómate un cafecito en su parque y comprate algún derivado de la leche–.

El río de Entrerríos

El verderengue se impone

5 comments

    1. Me alegra mucho que les haya gustado este lugar :). Espero lo visiten. Muchos saludos de buenas energías y buenos viajes para ustedes DosViajando

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