Esta es la problemática del transporte en Caracas por estos dí­as

Aunque hay pocos atascamientos y un sistema metro catalogado como el mejor de Latinoamérica, movilizarse en esta ciudad puede llegar a ser un dolor de cabeza para sus habitantes.

Caracas, Venezuela
20 de noviembre de 2019

Querida Dely Savedra Amiga fiel de facebook
Lima, Perú

Estoy en medio de un país que llaman socialista porque dicen haber luchado veinte años por la igualdad y por dar voz al pueblo en medio de la inequidad; he venido como otra visitante más tomando transporte público, desde San Cristóbal, en esos buses expresos de dos pisos  de lunas de especie de plástico cualquiera, (de eso se ve mucho, porque cuesta una plata el cambio de un algo de un carro). En la capital me ha recibido el famoso metro ese que atraviesa toda la ciudad y conecta desde el Este que es la zona dizque opulenta hasta el occidente donde la vida corre a otro ritmo cotidiano. Por medio de la tierra pasa el bendecido metro, recibe con la puerta abierta, pasa usted sin pagar, alegría prematura de saber que no te cobran ni medio, pero el fervor se pierde cuando toca esperar por el tren 15 minutos a más, llega trayendo aire y frescor al bochorno que acompaña por falta de aire artificial; trae el frontal chorreado, las lunas se confunden con el cuerpo gris rastro del olvidado mantenimiento. En la puerta a algunas horas se hace imposible pasar y adentro, la atascada es irremediable, la hediondez se escapa de lados desconocidos y los roces se hacen inevitables y hasta conflictivos. Empujones, descortesía y tosquedad son habituales. A mi compañero viajero le sacuden de un empujón y le caen en grosería porque rozó con la maleta al salir del tren. Las caras tristes, cansadas, ojerosas, también andan furiosas.

En horas pico el bendito metro no aguanta tanta gente, y la gente no aguanta el calor que este guarda, sacan sus toallitas de todos los colores y se pasan por el rostro, otros aguantan el apretón de cuerpos, el sudor de otros cuerpos y todos aguantan la falta de luz en el tren. “!ay! Esto también es resistencia se oye de por allá­.”

A primera vista, se siente solitaria la ciudad, uno que otro carro rueda sus neumáticos, camionetas (buses) de los años 60, 70, 80 y 90 pasan con rayas azules y fondo blanco, con rayas amarillas, rojas, o algunas que casi no se le distingue con claridad, tienen la trompa ancha y el cuerpo como un rectángulo perfecto, hay carros que en otrora fueron un autentico atractivo pero hoy son una chatarra andante. Sin embargo, no es de extrañar, porque por lo menos acá, se mueven dos contextos paralelos, el del pueblo y el del capital, así­ que también corren novedades de los 90 para acá, gustos que aún se pueden dar algunos.

En la calle también hay largas filas o colas de personas, indicativo de espera por algo, con frecuencia aguardan por una silla de camioneta (bus) vas pagando y entrando a la camioneta. Ah! Se debe pagar algo como 5 centavos de dólar, precio excesivo para el ciudadano acostumbrado a ver fluir gasolina casi gratuita en las estaciones de servicio ( 0,5 centavos de dólar por el llenado del tanque completo de su carro privado). Para bajar hay que avisar, parada se debe pronunciar; el descender casi siempre es por la puerta delantera en general. Los enojos se escuchan cuando el carro no detiene la marcha justo en el preciso lugar que señala el usuario. Un eco de tu madre se escapa reiteradas veces de por allá 

Camioneta frente al hospital El algodonal en ruinas

En los alrededores se usa jeep de esos camperitos que tienen potencia y fuerza para subir unas montañas que están montadas de todo tipo de casitas, entonces, también es el mismo sistema, hacer la cola, pagar, y escoger la silla para sentarse. Por cierto, cola también es un término popular que se usa cuando quieres que te transporten sin pagar un bolí­var, te llevan en la carrocerí­a de un camión o volqueta, o en todo espacio trasero que el carro cargue. Allá van muchos, hacer la cola casi es un asunto cotidiano porque cada día hay menos camionetas para transportarse a los lugares aledaños o a los Estados cercanos. Ya arriba en la carrocería puedes sentir ese soplo del viento, las libertades de espí­ritu mente y hasta cuerpo, porque los policí­as no prohíben este tipo de actos. Muy de madrugada hice la cola, y me monté en un camioncito de carrocerí­a improvisado, agarrado por sogas y bandas de hierro mal puestas. Allá­ fui a parar por los barrios de occidente hasta llegar a la zona residencial a oscuras y a expensas de la noche.

PDTA. Aquí no puedes permitirte malograr o dañar tu carro, porque los repuestos son costosos o no se encuentran, y bueno, te quedarás en manos de la misericordia del metro que cada vez está con menos trenes.

Mi querida Dely, eso te puedo contar del transporte de por acá. 

Te va un abrazo desde Caracas, la capital.

 

 

 

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