Filandia, la colina iluminada


Esto es FILANDIA papá!!!!!, dicen dos parceros y dan una vuelta entera.


Llego un tanto caminando, un tanto en bus, después de todo, los atardeceres merecen gastarles tiempo de tus ojos. Digo yo. Los primeros pasos empiezan, por el filito, por el camino de los quimbayas, dueños antiguos de estos lados; valerosos, bien parecidos, de taparrabos se figuran; con pinturas en el rostro para resaltar la belleza, para identificarse; con zarcillos y collares ajustados en el pecho, penacho de plumas y pulseras de esas que ahora encantan a los extraños. Los quimbayas caminaban.

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La mirada se estira por el oeste amplio y verde de rumiantes aquietados, en otrora habitado de maí­z y yucas, aguacate y chontaduro. Se tienden constantes las tienditas de panecillos y dulces, el picnic, el café, y la leche arrimada en los caminos espera que vengan por ella sus dueños. Los Willis salen cantarinos; pasan de largo, mujeres y hombres entre la prisa y el sosiego, van de un tinto a recorrer el dí­a en sus quehaceres.

Las otras, caminan más allá de los miradores, se pierden por entre la India, se encuentran con colibrí­es, pavas y flores. —Uyy!! Por acá los antiguos sabían cómo sacar la sal, y hacían brazaletes, alfileres, poporos todooo en oro. Ahora ya solo se hace cestas en vegetal, unos que le dicen chusco, tripa de perro, chisquí­n, zarzo son como quince tipos de bejucos, lo traen de allá arriba y hacen todo tipo de cestas, todo tejiendo a mano. Se vende siempre, pero más en La Fiesta del Canasto, los primeros días de junio.

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Se tienden constantes las tienditas de panecillos y dulces, el picnic, el café

Aquí­ le llaman a Filandia La Capital Mundial del Canasto. Cuenta Jair Jarmillo con acento serio y amigable.– Un dí­a cualquiera se animó don Felipe Meléndez, don José y don Carlos a quedarse entre el aire purificado de la espesura verde y el clima fresco por estos lados de la gigantesca cordillera de los andes.

Decidieron sin titubeos tumbarse en La Colina Iluminada de Filandia. Y así, en 1878 lo bautizaron con el nombre de Filandia formada del latí­n FILIA, hija; LANDIA, Andes; La HIJA DE LOS ANDES.. El aire perpetuamente sopla y acompaña rápidamente, desde el mirador Colina Iluminada al mirador de Los ángeles y viceversa. Allá se pierden los ojos, en los horizontes; te acerca a los vecinos municipios y departamentos. Por acá Salento, por allá Risaralda, y acullá Circasia y etcétera.

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Saludan las viviendas variopintas, en bahareque; sus flores colgantes dibujan sombras coquetas, y la vista se embute de colores que endulzan iluminados del sol invisible. El aroma de café se desliza imperceptible por la mejilla de Fernando y Felipe y teje un amor de encuentro por las calles del parque, entre la plácida noche y el nuevo día quindiano. Un ron festeja el encuentro, una cerveza y un café firman una embriaguez olfativa, y tercas melodías te recuerdan que estas en EN LAS TIERRA DEL CAFÉ todaví­a.

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Saludan las viviendas variopintas, en bahareque; sus flores colgantes dibujan sombras coquetas

Filandia tiene sus fiesta del Canasto, á así que pilas!

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en 1878 lo bautizaron con el nombre de Filandia formada del latí­n FILIA, hija; LANDIA, Andes
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La Colina Iluminada de Filandia.
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Uyy!! Por acá los antiguos sabían cómo sacar la sal…
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La HIJA DE LOS ANDES
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El aire perpetuamente sopla y acompaña rápidamente, desde el mirador Colina Iluminada al mirador de Los ángeles y viceversa
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y la leche arrimada en los caminos espera que vengan por ella sus dueños
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le dicen chusco, tripa de perro, chisquí­n, zarzo son como quince tipos de bejucos, lo traen de allá arriba y hacen todo tipo de cestas, todo tejiendo a mano. Se vende siempre, pero más en La Fiesta del Canasto, los primeros dí­as de junio

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