Insólito

Una tarde cualquiera…
Muy entrada la tarde, cuando el éxtasis por la música hace estorbo sus oídos y no; cuando el silencio bullicioso del crujir de las praderas, de hoja tras hoja en la noche llena, estremece con soltura su tibia piel. Cuando unos cantan y otros encantan. Camina enjuta de euforia, de clamor rozagante, buscando regalar su ansiedad y recoger quietud en un roce tierno con algún desconocido que se atraviese de pronto descaradamente sin el menor cuidado. Por sus pupilas luminosas, cree ver la primera y silenciosa sombra del deseo.
Embriagada por la noche que cae, tirita de alegrí­a con el corazón aturullado. Ante la penumbra, no imagina si él que sigue es el andante, caminante que divaga de insomnio en la soledad de sus desdenes, buscando lo mismo que ella no encuentra. Ella, que en la sórdida noche se desvanece adormecida a la orilla del rí­o viendo pasar una y otra vez casi imperceptible las aguas verduscas; haciendo minúsculos sonidos invitándole al desconcierto, no descifra sus quereres, solo sus sentires: anhelo, cercaní­a, proximidad inmediata es lo que quiere.
Una y otra vez se aproximan, casi se hallan, por poco se entrelazan en muchas ocasiones, pero de una u otra forma pasan de largo. Dejan suspiros largos y profundos, desesperanzas, desconsuelos en sus latidos, intensos letargos y algunos profundos olvidos.
Pero las distancias siempre se encogen…………………De pronto, percibe el chillido de las hojas secas que se comprimen con cada pisada, no se atreve a voltear, porque sería invitarle al diálogo inesperado. No hay calor que no enchine más su piel que aquel momento de incertidumbre que causa el desconocido. La brisa fresca de media noche, tocan sus mejillas y sus brazos descubiertos. Él se acerca despacio, con prudencia se sienta a su costado, no mastica palabra alguna. Juguetea con una piedrecilla que trae consigo. Se acuesta bajo la sombra de la noche con la mirada casi perdida en las ráfagas intempestivas.
Ella medita solitaria, diciéndose para sus adentros esto se llama compañía…. ¿Dónde divaga la soledad trepadora?. Y sin sentirlo siquiera, la luz del nuevo dí­a les saluda gloriosa….

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