La búsqueda

Después de mañana no buscaré más, voy a dejarme encontrar, de tus ojos, de tu sonrisa, de tu voz!!. Ojalá deslices el í­ndice de tu mano derecha y se pose suave sobre mi imagen, y tus ojos se queden encantados, tu par de pupilas se plaguen nostálgicas de alegrías, y algún lejano, perdido y olvidado cosquilleo despierte tu instinto y te dicte quedarte conmigo.
Para entonces estaré retirada de los recorridos internaúticos, de algunas crisis hormonales y me habré sanado del insomnio que me dejaron otros labios. Juro que escaparé a tus brazos y abandonaré esta búsqueda ciega e infinita.
Me postraré a mi dicha y viviré como el viento. Rindiéndome al amor, y desafiando el tiempo que ha maquinado en mi contra haciéndome esclava perpetua de esta búsqueda malsana.
Te agazaparé, besaré tu piel con el delirio andante y reprimido de años.
¡Dejaré esta búsqueda!, porque no tengo urgencia de morirme en los senderos asfixiantes intolerantes y homicidas de sus manos. Sin embargo, te llevaré al confí­n de mis entrañas y partiré esta vida como trozo exquisito de ponqué para que mano a mano hagamos de la crema una quimera, cuando te tenga.
Voy a encontrarte sin buscarte, me dejaré alcanzar por tu añoranza, me dejaré ver esta vez sin prisa, voy a volverme una contigo. Me quitaré la túnica que llevo a diario, podrás ver mi silueta y descubrir mi rostro.
Esta vez dejaré de buscarte. No tendrás queja de desamparo ni desconsuelo. No sabrás de mi boca un falso titubeo de búsqueda. Mis manos no indagarán más por tu nombre. Y mi pensamiento estará estrechado de unas cuantas vivas y audaces ganas de esperar que me encuentres.

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