Salento y su Valle de Cocora en el Quindí­o colombiano


Las palmas de cera del Quindío colombiano casi solitarias adornan las colinas, y la vista falta para ver sus coronas. Allí, todos van a contemplar su belleza que se esconde entre la niebla y la calma.

En lo alto de la montaña se detuvo a descansar Salento, y sus ojos se quedaron en aquella bonita vanidad, se olvidó de sí­ mismo y de pronto se quedó allí­ a morar. En 1908 ya estaba fundado por don Simón Castaño, Vicente Buitrago, Cornelio Marín, Teodoro Ocampo y don Ramón Elí­as

Prendido de magia el valle, cantando la colina, junto a las vaquitas jugando; las coloridas casas cuentan cuitas de madrugada. Por los balcones se adivinan historias de arrierí­a, largas andanzas de recios caminantes, de Bolí­var y Mutis de Caldas y Humboldt.

De bahareque y tierra se alzan por la calle Real las antiguas señoriales casonas, conservan aire de antaño, viejos amores, sabores de tiempos idos, sonrisas de extraños y medios bailes de andariegos visitantes.

Las mañanas son coloridas, deliciosamente bulliciosas y pasan mezcladas entre lo habitual y las nuevas posturas de los recién llegados que, vienen pasando entre vaivenes de eucaliptos y ligero frio de altura. Luzdina, entre souvenirs de piedras anima el visitar: Pongale cuidaó.

Primero el Valle Cocora, es decir valle de la princesa hija del Cacique Acaime, Cocora se llamaba su hija. Por la primera puerta que encuentre debe ¡pasar, la azul, — ¡no se vaya a equivocar!. Más arriba está ya el Parque los Nevados.

— Después está el mirador, derecho por la calle Real,

— no olvide las cascadas,

–camine hasta las fincas,

— Tome tinto, café sí­mbolo de todo el país. Es que aquí­, el café Sí­, nos representa. Nos mueve todo mija por algo es patrimonio de la humanidad.

–y  debe jugar tejo–.  Instruye Luz, con su sonrisa blanca puesta en sus labios.

El bosque de neblina en la cabecera de los andes se tiende escondido, entre senderitos de tierra, y aguas que escurren por sus faldas; pajarillos, tucán celeste, pava andina y colibrís rondan, es el hogar de La Palma de Cera, y aquí­ está ella, se estira ligera y esbelta, representa airosa su patria natal, se deja ver por entre la neblina, se deja obsequiar.

 Y la tarde cae dejando al pueblo azulado y presto a conversaciones al parque, se prende la música, los restaurantes están a media vela. La calle principal toma unas horas de aliento y se mueve casi llena de caminantes.

El Valle de Cocora tiene constantemente muchos visitantes, es uno de los lugares turísticos más emblemáticos de Colombia. Imposible no dejar de visitarle.

Dato: Puedes encontrar hospedajes desde siete dólares la noche, lugares para acampar desde dos dólares.

Algunas capturas del Valle de Cocora

La palma y yo

Las palmas de cera son árboles representativos de Colombia

El Valle de Cocora y sus elegantes palmas de cera
Salento, por la callecita principal

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